Probióticos en la enfermedad renal crónica

La enfermedad renal crónica es un padecimiento donde se produce una pérdida progresiva de la función renal, como resultado de una disminución en el proceso de filtración de sustancias tóxicas de la sangre por parte de los riñones.

Durante el curso de la enfermedad pueden presentarse alteraciones en la microbiota intestinal, debido a factores como: alteración del tránsito intestinal, disminución en la absorción de proteínas, reducción en el consumo de fibra, tratamiento con hierro oral y consumo frecuente de antibióticos.

Esta alteración incrementa la población de microorganismos nocivos caracterizados por producir una mayor concentración de urea y amoniaco que empeoran la progresión de la enfermedad.

Beneficios de los probióticos

Ciertas bacterias probióticas aportan beneficios en la enfermedad renal crónica debido a que:

  • Favorecen el equilibrio de la microbiota intestinal.
  • Disminuyen síntomas gastrointestinales como estreñimiento.
  • Reducen complicaciones como eventos cardiovasculares, anemia y alteraciones del metabolismo óseo.
  • Contribuyen al control de la progresión de la enfermedad renal crónica.
  • Mejoran la calidad de vida.

Además, en diversos estudios se ha observado que las personas con enfermedad renal crónica que consumen probióticos:

  1. Reducen toxinas urémicas como sulfato de indoxilo, dimetilamina, nitrodimetilamina, p-cresol sulfato y urea en sangre.
  2. Mejoran la función de barrera intestinal.
  3. Limitan el crecimiento de bacterias nocivas a través de la reducción del pH y la producción de sustancias antimicrobianas.
  4. Descienden niveles de fosfato en sangre.

Es de suma importancia que los probióticos sean administrados vivos y en cantidades suficientes para ejercer el beneficio esperado; se les puede encontrar en diversas presentaciones incluidos alimentos funcionales como los lácteos fermentados.

Como ejemplo, en México se realizó un estudio con el probiótico Lactobacillus casei Shirota, en pacientes con enfermedad renal crónica en etapa 3 y 4, que al ser administrado en dosis de más de 16,000 millones y en combinación con un plan de alimentación, redujo de manera importante las concentraciones de urea en sangre.