Las bacterias intestinales desempeñan una función importante en la salud mental; estudios recientes han observado que la disbiosis intestinal (alteración en el equilibrio de las bacterias intestinales) tiene una influencia sobre el desarrollo de trastornos neurológicos como el autismo.

Se conoce que la microbiota intestinal de niños con autismo (especialmente con problemas gastrointestinales) difiere a la microbiota intestinal de niños sanos. Sin embargo, se desconoce si este desequilibrio de las bacterias intestinales es responsable de los síntomas del autismo o es una consecuencia de tener la enfermedad.

Estos cambios de la microbiota intestinal pueden ocasionar:

  • Alteraciones gastrointestinales como diarrea, estreñimiento, flatulencia y dolor abdominal.
  • Aumento de la permeabilidad intestinal.
  • Mal funcionamiento del sistema inmunológico.
  • Cambios en el comportamiento y emociones.

Derivado de tal situación se han implementado terapias que promuevan la mejora de las condiciones gastrointestinales y sus síntomas, así como el equilibrio de la microbiota intestinal; entre ellas se destaca el uso de probióticos.

Los efectos de los probióticos son:

  • Promover una microbiota intestinal saludable.
  • Disminuir síntomas gastrointestinales como estreñimiento, flatulencia, dolor abdominal y mejorar la consistencia de las heces.
  • Reducir la permeabilidad intestinal (traspaso de sustancias no deseadas al torrente sanguíneo) mediante la reparación de la barrera mucosa.
  • Mejorar la producción de sustancias antioxidantes y favorecer una respuesta inmune adecuada.

En este sentido, el Lactobacillus casei Shirota puede ser un probiótico potencial debido a su evidencia en el fortalecimiento del sistema inmunológico y mejora de la microbiota intestinal.

Aún queda mucho por investigar, sin embargo, los estudios previos dejan ver que los probióticos pueden ser una terapia importante en el tratamiento de los trastornos gastrointestinales y de conducta de las personas con autismo.