¿Cuál es la mejor leche para el niño el primer año de vida?

Sin duda, el tener un hijo es de las experiencias más gratificantes que la vida puede dar. Además de los cambios y retos que significa la llegada de un nuevo integrante al seno familiar, su nacimiento representa una enorme responsabilidad y el surgimiento de muchas dudas, casi todas ellas enfocadas al cuidado y la salud del pequeño.

Una de las mejores maneras de asegurar la salud del recién nacido es con una buena alimentación, ésta se cubre completamente con la leche materna durante los primeros cuatro a seis meses de vida.

A partir del nacimiento y hasta el primer año de edad, el crecimiento corporal se lleva a cabo a una gran velocidad, que no se igualará en ninguna otra etapa. Es sabido que un niño sano nacido a término duplica a los cuatro meses el peso con el que nació y lo triplica al cumplir un año. Este es el momento de mayor crecimiento y desarrollo acelerados, y por lo tanto se requiere un aporte de nutrimentos acorde con esta demanda.

Casi todos los estudios indican con claridad que los nutrientes que hay en la leche de una madre sana y bien nutrida, satisfacen todas las necesidades nutricionales del niño si consume suficiente leche:

PROTEINAS. 
La leche de vaca suministra más o menos tres veces más proteína que la humana, pero éstas no pueden ser digeridas y por lo tanto absorbidas por el intestino aún inmaduro del recién nacido.

CARBOHIDRATOS.
La leche de vaca ofrece tan sólo alrededor de 60 por ciento de los carbohidratos presentes en la leche materna humana que son indispensables para satisfacer la demanda de energía de rápida absorción.

GRASAS.
La leche materna aporta más grasas indispensables para mejorar la densidad energética en el mismo volumen comparado con la leche de vaca.

CALCIO.
La leche humana aporta cuatro veces más calcio si la comparamos con la leche de vaca.

HIERRO
Aunque el contenido de hierro de la leche materna es bajo, es suficiente y bien absorbido por el recién nacido, por lo tanto evita la anemia durante los primeros cuatro a seis meses de vida; esto no sucede con el hierro de la leche de vaca, pues el bebé no es capaz de absorberlo.

La leche materna varía poco entre personas pero sí es distinta al principio y al final de cada toma del bebé. La denominada primera leche es más diluida y contiene menos grasa, en comparación con la leche de la última parte de la toma, que es algo más espesa y de apariencia más amarilla y con mayor densidad de energía debido a que contiene más grasa. En general, se calcula que en el primer mes de lactancia el bebé consume 600 ml diarios de leche, 840 ml en el segundo y 930 ml en el tercero.

Actualmente se sabe que la lactancia al seno materno debe comenzar en las primeras horas después del nacimiento, debido a que el reflejo de succión es lo que determina la “bajada” de la leche, pero también es importante por la presencia del calostro que se produce los primeros días posteriores al nacimiento debido a la presencia de factores anti infecciosos:

  • Con el nacimiento el bebé entra en contacto con un ambiente lleno de bacterias que se alojan en distintos sitios como la piel y el intestino, la adaptación a este cambio de ambiente se favorece con la presencia de distintos factores que ayuda a equilibrar la microbiota intestinal del recién nacido.
  • Algunos anticuerpos benefician el trabajo digestivo del bebé y atacan a los organismos que causan enfermedades para evitar infecciones.
  • La leche materna, particularmente debido a la inmunoglobulina que contiene, parece proteger a los bebés contra las alergias.
  • Células vivas, sobre todo glóbulos blancos, que pueden producir sustancias importantes como interferón (que pueden combatir los virus), inmunoglobulina A, lactoferrina y lisosomas.

Si el niño es lactado al pecho y su madre habitualmente produce suficiente leche, con seguridad ingerirá a libre demanda el volumen de secreción láctea adecuado para cubrir sus requerimientos. No se necesita agua, jugos u otros líquidos para un bebé que recibe leche materna adecuada, inclusive en los lugares cálidos, húmedos o áridos, el bebé simplemente se alimentará con más frecuencia si tiene sed.

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