¿Una persona delgada puede tener exceso de grasa corporal?

Si, la grasa y su distribución en el cuerpo con respecto al peso corporal pueden ser “engañosa” y parecer que no se tiene, inclusive un exceso de ésta tiene relación con distintas enfermedades, por lo que su determinación puede utilizarse en la prevención de desarrollar algunos padecimientos como el cáncer, diabetes, infartos, etc. o síndromes geriátricos como la sarcopenia.

En una persona con una composición corporal ideal, la masa muscular constituye el 45-55% del peso, repartido en los más de 600 músculos, el pico de la masa muscular a lo largo de la vida se tiene entre los 20 y 30 años de vida con un lento declive posterior, pero ésta pérdida se acelera de forma muy llamativa a partir de los 50 años, especialmente en personas sedentarias. La disminución de la masa muscular se ha relacionado en personas tanto delgadas como obesas que padecen enfermedades. El síndrome que mejor ilustra esta condición es la sarcopenia.

La sarcopenia se trata de un cambio grave asociado al envejecimiento humano y consiste en la reducción progresiva de la masa muscular, casi siempre se asocia con una disminución de la fuerza y la funcionalidad o hasta la muerte.
Tiene varios factores que contribuyen en su aparición: el propio proceso de envejecimiento, alteraciones en el desarrollo en las etapas iniciales de la vida, una alimentación incorrecta, el reposo en cama por enfermedad o sedentarismo, enfermedades crónicas y determinados tratamientos farmacológicos.

La sarcopenia representa un deterioro del estado de salud con consecuencias desalentadoras: trastornos de la movilidad, mayor riesgo de caídas y fracturas, deterioro de la capacidad de realizar actividades cotidianas, discapacidad, pérdida de independencia y mayor riesgo de muerte.

Aunque se observa principalmente en personas de edad avanzada, también puede aparecer en adultos más jóvenes, se habla de sarcopenia ‘primaria’ (o relacionada con la edad) cuando no hay ninguna otra causa evidente salvo el envejecimiento, mientras que se considera ‘secundaria’ cuando hay una o varias otras causas evidentes.
Ambos “tipos de sarcopenia” pueden identificarse mediante técnicas que miden la masa muscular con exactitud como la imagenología (TAC tomografía axial computarizada, o ultrasonografía) o mediante antropometría.

Se habla también de una “obesidad sarcopénica”, este síndrome se relaciona con procesos de cáncer, artritis reumatoide, amputaciones de miembros inferiores y otras que limitan la movilidad. En la obesidad sarcopénica se pierde masa muscular al mismo tiempo que puede conservarse e incluso aumentar la masa grasa. Durante mucho tiempo se ha pensado que la pérdida de peso relacionada con la edad, junto con la pérdida de masa muscular, era en gran parte responsable de la debilidad muscular en las personas de edad avanzada. Sin embargo, ahora está claro que los cambios en la composición muscular también son importantes, por ejemplo, la ‘marmolización’, o infiltración grasa del músculo, reduce la calidad muscular y el rendimiento físico.

¿Cómo puede prevenirse la perdida de músculo y la ganancia de grasa corporal?

Ejercicio. Se considera que un estilo de vida sedentario tiene un efecto negativo en distintos ámbitos de la salud. Lo mismo sucede con la masa muscular que requiere de ejercitarse para conservar un volumen apropiado y una función normal. Los ejercicios más recomendados son los de resistencia, es decir, el levantamiento de pesas (principalmente), es lo que se ha demostrado con mayores beneficios para el desarrollo de la masa muscular.

Alimentación. La prevención mediante la nutrición se ha enfocado principalmente en las proteínas y vitamina D. Sin embargo, existen pruebas de que otros componentes también pueden ser útiles para este fin, como los antioxidantes (carotenoides, selenio, vitamina E) y los ácidos grasos poliinsaturados. Se ha llegado a incrementar el consumo de proteínas en los adultos mayores con la intención de mantener un balance y prevenir la pérdida de masa muscular, aunque esto debe ser indicado por un profesional de la salud.

Probióticos. En este y en muchos otros padecimientos la función digestiva se ve alterada por el consumo de medicamentos, el estrés mismo que provoca la enfermedad, así como demás factores que alteran el equilibrio de la microbiota. Por esto, es recomendable el consumo de bacterias probióticas como el Lactobacillus casei Shirota de manera frecuente.

Si bien es cierto que éste padecimiento y muchos otros se han reconocido recientemente como tal y que aún hace falta mucha información nunca está de más tomar acciones para prevenirlas.

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